Sin duda, el perro más famoso de Escocia. Se dice que, tras la muerte de su dueño, éste fue enterrado en el cementerio de Greyfriars.
Bobby no solo no olvidó a su dueño, sino que pasó el resto de sus 14 años de vida guardando la tumba de su dueño día y noche. Al perro lo enterraron muy cerca en la entrada del cementerio, allí podrás ver su lápida.
Como homenaje hay una estatua en la esquina de Candlemaker Row y George IV Bridge, justo a la salida del cementerio de Greyfriars.
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